El mundo según Ysondra

May 16, 2006

Momentos “Queen of the World”

Pergamino publicado en: El Mundo según Ysondra

Bueno, bueno, vamos a dejar los sentimentalismos de lado, porque no me apetece quedarme *plof* hoy.

Así que voy a rememorar mi mega-fantástico-ultra-chachi fin de semana… Porque… Sí, ha sido un GRAN fin de semana.

Todo viene del día aquel que me autoinvité a la barbacoa en casa del mejor amigo de mi mejor amigo, ¿os acordáis? (http://ysondra.blogspot.com/2006/05/lo-que-hace-el-aburrimiento.html para hacer memoria).

Pues sí, pues sí (pues no, pues no, y como el coche es mío, te bajas… Aix vaya una tontería me quedó como “gag humorístico” en recuerdo de Kakashi…)

Han sido tres días de infarto y no parar.

El viernes por la tarde, quedé para comer con Kary, después de salir del trabajo (y haberle hecho esperar como 40 minutos –tirando por lo bajito-). Tenía pensado plegar a eso de las dos y media, pero con todo el trajín de mi pobre jefe, prefería acabar las cosas para irme y que tuviera todo al día.

Estuvimos haciendo una breve puesta al día, un recorrido por los acontecimientos destacados de los últimos 8 años. Y hay que decir que tiene mérito la cosa, porque tuvimos que hablarlo todo en una hora. Al final acabamos comentando más que nada lo que nos pasó en el último año.

Ella se ha vuelto más tranquila y ha desistido de bailar. Yo, sinceramente, me niego. Ya digo, que me he buscado una academia de baile y todo. Hay cosas que no me apasionan mucho del hip-hop y el funky, pero bueno, me gustan los pasos que tiene y el espíritu, así que iré a aprender la base y después ya lo adaptaré a mi propio estilo (lo cual puede ser un show, porque entre eso, el cha-cha-cha, el merengue y la danza del vientre… pero en mi línea de siempre, a quien no le guste, que no me mire).

Cogí el avión a las cinco de la tarde. Bueno, a ver, no. Llegué a Barajas a las 5 de la tarde, a la T4, y cogí el avión de las 18.45h. NOTA MENTAL: no volver a salir tan tarde de Madrid, jamás, jamás, jamás de los jamases, salvo causa muy justificada (o sea: el hombre o la mujer de mi vida me han invitado a comer, e irme de fin de semana de locura; o me he hecho millonaria y me puedo coger un charter para mí sola).

Esto implica que llegué a Barcelona a las ocho de la noche como quien no quiere la cosa. A estas alturas, Grunttt estaba ya de camino a Campins. Le llamé a preguntarle si había fiesta por la noche, y me dijo que en principio sí, pero que no sabía por dónde iban a salir, que en cuanto lo tuvieran claro me llamaba.

Bueno, no me quedaba más remedio que esperar.

Estaba cansadísima (de no hacer nada, porque vaya dos días en Madrid :/). Pasé por casa de mis padres a ver a mis niños (mis gatos Aemon y Rei –definitivamente no se llamará Rhaego, porque no se habitúa al cambio de nombre), “les ninetes dels meus ulls”, jugar un rato con ellos porque los veo sólo los fines de semana (hombre, como esta semana estaré en mi casa, igual podría llevármelos para que se vayan acostumbrando al nuevo hábitat), y a tomarle prestada por tiempo indefinido la plancha a mi madre (vulgarmente, agenciármela).

Sí, sí, aquí donde lo veis, la plancha es uno de esos elementos indispensables en toda casa. Porque cuando la ropa sale como comida por las vacas de la lavadora, no hay quien se ponga eso para salir de caza, sin darle antes un repasito.

Cuando llegué a mi cueva, no tenía muy claro aún a qué hora iba a salir, así que me puse a leer unos mangas en la cama. Total, que en un momento de inspiración, llegué a la conclusión que si eso mejor me dormía, y si me llamaban, ya me despertaría, plancharía la ropa y marchando que es gerundio.

Creo que me dormí sobre las once de la noche.

A eso de la una de la mañana, me llegó un sms (que me alegró la noche, por cierto xD), y a las dos me llamó Grunttt a decirme que salíamos por Plaza real.

¿Por qué, por qué, por qué? ¿Por qué habiendo tantos y tantos garitos en Barcelona, tengo que acabar siempre en el mismo cuchitril de sitio? Yo, persona sofisticada, con clase y amante del trance. Esto es una prueba más de que no hay justicia en este mundo.

Llevo dos semanas que parece que Plaza real tiene un imán. Pero bueno, siempre mejor eso que quedarse en casa.

La gente que tiene carné de conducir y/o coche (en cuyo grupo no me incluyo, porque carezco de tales privilegios), no cae en la cuenta de que los viernes a las dos de la mañana cierra el metro, y que si quedas más tarde, o llamas con antelación para que la otra persona se desplace caminando, o subvencionas su taxi.

Bueno, en mi caso ni me llamaron con antelación, ni me subvencionaron xD, pero cogí un taxi.

Fue muy divertido, porque cuando mi taxi estaba llegando a Drassanes, me dicen que quedamos en Plaza Cataluña, y ahí media vuelta dimos con el taxista y a Plaza Cataluña fuimos (como Yoda yo hablo).

Dejando de lado que habían algunos “casados” y “poco agraciados”, el grupo no estaba mal, en cuanto a proporción “cazador/presa”. Éramos un grupo de unas 15 personas, con tres féminas yo incluida, una de las cuales tenía pareja y la otra bueno, tengo mi teoría de que venía intentando ligarse al anfitrión de la casa. Lo cual, descontando a Grunttt y su mejor amigo (que ha pasado a la categoría “casados”), y 3 especimenes más, me dejaba con 5 “futuribles”.

Durante todo el fin de semana pensé que tenía lo de Ex superado… Que lástima que siempre me de el bajón…

De los cinco restantes, me fijé primero en un francesito que pasó a ser descartado en 3 o 4 segundos. Y nada, me iba riendo con Grunttt haciendo una valoración del panorama.

Ir a Plaza real resultó que se transformó en ir a la Rambla del Raval (quien conozca Barcelona, puede observar que la situación empeoraba por minutos).

A veces me pregunto qué tiene el mundo contra mi persona, que llueva o no acabo ensuciando mis fantásticos pantalones con agua, porque cuando no llueve, o han regado, o han lavado la calle… El resultado es que acabo con pantalones bicolor: gris-guarro-agua-y-porquería-de-ciudad/blanco-azul-clarito-limpio.

Bueno, allí acabamos reunidos con otras 15 personas más, que no había visto en la vida… Y en esas aparece la amiga de una amiga mía (Patricia, del máster)., que nos conocimos tomando unas copas con unos italianos (ese día me llevaron engañada, en serio, lo juro, yo no sabía nada).

Como suele decirse, el mundo es un pañuelo (y tú eres mi moquito preferido).

Bueno, qué os voy a explicar yo del panorama… Ahí estábamos nosotros, 33 personas en la Rambla del Raval (todos ebrios menos yo, adicta a la cocacola, lo cual fue un problema porque era la única persona sensata y coherente), 32 de las cuales perseguían a los vendedores de cerveza ambulantes.

Muy bohemio todo, ahí, de pie, a las cuatro de la mañana, bajo la luz de la luna (y más que nada, de las farolas), bajo el cielo estrellado (aunque no se veían las etrellas por la cantidad de contaminación lumínica), disfrutando de la conversación con un grupo animado (es decir, escuchando los berridos alcoholizados de un montón de borrachos) y variado (neo-hippies en su mayoría), platicando y decidiendo a dónde ir a mover el esqueleto (imponiendo dictatorialmente el Apolo, porque la mayoría se movía cual rebaño).

Después de tres o cuatro intentos de movilización (muy acertado el símil “rebaño”, porque teníamos un pastor que los guiaba y algunos perros que cuidaban que las ovejas no se fueran por el camino equivocado), conseguimos encaminarnos al Apolo.

Realmente no había estado allí nunca, pero me habían dicho que ponían lo que yo puedo considerar “buena” música.

Realmente éramos un grupo de lo más diverso, pero fue muy divertido. Nos habíamos juntado los amigos del mejor amigo de Grunttt (sus antiguos compañeros de estudios en Francia), con los amigos de un amigo suyo que venía de despedida de soltero (un grupo de ingleses muy divertido), y la delegación española de sus amigos (los que estaban en el raval). Todos ahí revueltos.

Los que venían de despedida querían irse al Bagdad al día siguiente xD En fin, qué personajes. Al final me consta que no fueron, pero les enseñamos dónde estaba el lugar, puesto que nos quedaba al lado del Apolo.

Como ya no me viene de una confesión más, voy a dejar constancia de que soy una tacaña. No me gusta pagar entradas de discotecas, así que lo que pasó el viernes fue algo totalmente extraordinario: pagué 12 euros por la entrada al Apolo, a sabiendas de que me quedaban 50 minutos de disfrute de esa inversión. Pero… ¡Qué a gusto los pagué!

Oía la música desde fuera, y se me movían los pies.

Ponen música electrónica, por lo menos los viernes noche, no sé qué ponen el resto de días, pero me encantó. Así que ya estoy enviando sms a todo el mundo diciendo que hay que volver allí.

Una vez conocí a un chico, que le gustaba el Apolo y el Otto. Por una de esas pensé que igual podría encontrármelo. Me hubiera gustado mucho. Es del Club, ya sabéis. Así que estoy pensando en plantificarme delante de la puerta de su casa que aun recuerdo dónde vive. Tengo que analizar seriamente esta posibilidad porque no sé cómo reaccionará ¬_¬’

El caso es que me encantó la discoteca *^-^*

Analicé la posibilidad de uno de los ingleses, pero bueno, como demostró el fin de semana, resultó bastante infructuosa (una despedida de solteros masculina no es el mejor momento para entrarle a nadie, a pesar de lo que podamos llegar a pensar las mujeres de las despedidas de soltero… Lo explicaré más tarde en un post, porque se merece su post propio).

Después de 50 minutos de baile, acabamos desayunando en un bar de Ronda San Pedro. Intentar sentar a 16 personas es un poco difícil, más en esos sitios tan pequeños, pero al final superamos el reto.

Todo el camino hasta allí estuvo amenizado por un simpático español bastante ebrio que lanzó unos cuantos improperios por la calle y nos iluminó en el bar con sus disertaciones etílicas. Un show, pero muy simpático el hombre. Tengo que decir que todo el mundo estaba alegre, y nadie estaba en “agressive mode on”.

Este rato me dio tiempo de analizar al inglesito en cuestión. Un poco más bajito que yo, de complexión robusta, muy simpático, con una profesión no-friki (no informático, telecos o similar), lo cual hizo que aun estuviera más emocionada manteniendo la charla con él, bastante majete el hombre, sí señor.

Dado que el idioma de oficial en nuestra Babilonia particular, era el inglés, pude entenderme bien, pero no deja de resultar frustrante cuando una palabra que querrías decir en concreto no te sale en el momento preciso. Me da mucha rabia y me pone de mal humor.

A las siete de la mañana nos marchamos del lugar, yo me dirigí a mi casa y ellos a Cataluña a coger los coches para ir a Campins. Quedamos que nos veríamos en la barbacoa de la noche.

Aprendí muy pronto que al hombre se le conquista por donde todas sabemos, y por el estómago. Así que me pasé un rato de la tarde haciendo unas fantásticas empanadas caseras de jamón y queso, estilo “Quiche”, que tuvieron mucho éxito.

El plan inicial era que quedáramos en Barcelona y subía con ellos a Campins a la vuelta, plan que resultó fracasar porque al final no vinieron. Como dice Grunttt: “no hay plan que sobreviva al contacto con el enemigo”.

En esas me entró la duda de si ir o no, porque era un trecho en tren, y no quería molestar. A veces tengo ataques de pesimismo, y de todas las posibilidades escojo la peor. Eso, mezclado con la certeza de que soy el ombligo del multiverso, me induce a pensar que no vinieron a Barcelona por culpa de mi persona, para no tener que llevarme (lo cual, analizado fríamente, puede no ser tan cierto), y porque no querían invitarme.

Al final, tras una hora de viaje en tren y cargando 1’200 kg de empanada, llegué a Sant Celoni donde me pasaron a recoger.

Bueno, puestos a reconocer cosas, añadiré que si fui a la barbacoa fue también porque tenía el maquiavélico plan de conseguir el mail de cierto inglés. Ya se sabe “nunca mandes a un hombre a hacer el trabajo de una mujer” y “si quieres algo bien hecho, hazlo tú mism@”. No me pasé tanto rato en la cocina para que no degustara mis delicias jamón-y-queseras.

Lo que aconteció aquí, lo explicaré con más detalle en el post de “Lo que siempre quisiste saber sobre las despedidas de solterO y nunca te atreviste a preguntar”. La cosa es que estuvo muy divertida la barbacoa.

Y oye, tengo hambre, y esto está saliendo muy largo.

Que posteo esto y me voy a comer xD

Nos vemos en el próximo cat-pítulo, en el mismo cat-nal, a la misma cat-hora.

Y en el próximo capítulo: Ysondra se va a la Fórmula 1.

Terapia de Shock

Pergamino publicado en: El Mundo según Ysondra

¡Buenos días!

Ha sido uno de esos fines de semana estupendísticos, para el recuerdo. Como últimamente están pasando muchas cosas que me apetece explicar, me he comprado una libreta para llevar en el bolso e ir anotando las ideas que me pasan por la cabeza. Eso sí: formato listado incoherente, que si alguien la coge no entiende lo que quiero decir ni para atrás, pero bueno, la cosa es que yo me entiendo (afortunadamente, aunque no siempre).

Para los sibaritas de la escritura y aquellas personas que quieran tener un bonito detalle con alguien que le gusta escribir, y que anda buscando una libreta original y especial para ello, le recomendaría que visitara esta web:

http://www.paperblanks.com/

Yo adquirí mi libreta cerca de casa, en una papelería que encontré cerca del mercado de Hostafrancs (último rincón del multiverso en el que esperarías encontrar algo de calidad). Se llama Papelería “La campana”, en la calle Áliga, 33. Muy chulo el sitio. En la esquina tienen una tienda de regalos muy original también.

Ahora mismo estoy escribiendo en esta libreta: http://www.paperblanks.com/images/4971.jpg Me encanta, en serio, me recuerda no sé porqué a las “Mil y una noches”. Y me he encargado esta: http://www.paperblanks.com/images/3967.jpg y después esta: http://www.paperblanks.com/images/3975.jpg ¡Son gatos y son azules! No me podía resistir ^^

Bueno, como nadie me va a regalar un laptop ligero (¿Por qué no, verdad?), me iré con mi libreta a cuestas escribiendo mis ideas paranoides.

**** Inciso

Me acabo de enterar que me voy a pasar la semana sola en las oficinas en Madrid porque mi jefe tiene que quedarse en Barcelona :_/ Voy a aburrirme como una ostra ¬_¬’ A la tarde preguntaré si me puedo ir a Barcelona yo también (me han confirmado que el jueves trabajo en Barcelona, bien, bien, WoW, WoW, mud, mud).

**** Vuelta al Blog

El sábado de mañana estuve de terapia de shock por mi barrio. Lamentablemente, tengo que compartir territorio con mi ex, que vive a tres calles de mi casa.

Mira que me pareció bonito, apropiado y romántico vivir tan cerquita de su casa… No es que me arrepienta ahora, porque el barrio está muy bien comunicado y provisto de tiendas… Pero me mata la idea de pasarme los próximos “n” años de mi vida cuando n ≥ 5, paseando por esas calles (a ver, realmente, el aspecto decisivo fue el precio del alquiler, vamos).

Es asqueroso, en serio…

Aunque no quieras, empiezas a pensar: en esa tiendita de ahí compramos helados; en ese supermercados La Sirena compramos salmón congelado; en ese lineal del Caprabo cogimos la primera botella de cocacola que bebimos viendo la primera película en su casa; y un sin fin de memeces del estilo.

A ver, que yo reconozco que son memeces… Pero no por ello puedo dejar de pensarlo, y me afecta menos. Y cuando paso delante de la tienda de vestidos de novia… Ya no te cuento.

Animalito de mí, que me había montado la película, y me veía ya enfundada en uno de esos.

Desgraciadamente, para ir a mi trabajo cuando esté en Barcelona, tendré que coger una línea de bus que recorre todo Creu Roberta y Calle de Sants, y al final me apeo en la puerta misma de las oficinas… Lo cual no me deja mucho margen de tonterías (es eso o la línea de metro, seis paradas, y una pateada de 7 minutos hasta la puerta del edificio), si quiero aprovechar y hacer la marmota el máximo posible por las mañanas.

Por otro lado, fui a informarme a la academia de baile que tengo “cerca de casa” (entendiendo por esto unos diez minutos desde el portal), porque decididamente, me voy a apuntar en septiembre.

Y para ir hasta allí tengo que pasar también por delante de su casa ¬_¬’

En un principio, lo que hacía era: iba por mi acera (que es la misma que la suya) hasta llegar a la boca del metro de Hostafrancs, entonces me cruzaba a la acera contraria (que no me trae tantos recuerdos, ya ves tú qué tontería), y una vez dejado atrás el Pans, me volvía a cambiar de acera, y seguía caminando. Bueno, esto, es que ni Jack Nicholson en Mejor Imposible.

Pero este sábado pensé que no me puedo pasar el resto de mi vida haciendo estas tonterías. Así que anduve por mi acera todo el camino.

Siempre se dice que lo mejor para perder un miedo es enfrentarse a él (motivo por el cual me voy a tirar en paracaídas con Grunttt para vencer el vértigo), por ello intento pasear por carretera de Sants siempre que puedo. Supongo que, como todo, se te hace más difícil las primeras veces, y después empieza a ser todo más natural.

Creo que lo que me da más miedo es cruzarme con él por la calle. Encontrármelo, en definitiva. Y si va sólo, aun… Pero como me lo encuentre con alguien… De hecho hoy he tenido pesadillas al respecto. He dormido fatal, hay que fastidiarse… Entre eso y mi principio de anginas.

Porque una cosa es que te lo cruces estando tú acompañada, y otra estando acompañado él.

Hay veces que me siento muy estúpida (lo sé, lo sé, es una blasfemia, un sentimiento herético), porque para el caso –y analizando fríamente la situación-, los últimos meses estuve con esa sensación de “en cualquier momento se acaba" en la cabeza, y tampoco es plan de vivir así.

Fíjate que es fácil dar consejos y difícil hacer las cosas. Siempre he pensado que vivir en pareja es para estar mejor que estando sólo.

Si ahora hiciera un balance de la situación, no estoy muy segura de que obtuviera un saldo positivo.

Esto me recuerda que en selectividad mi examen de filosofía fue sobre un texto de Nietzsche. No recuerdo exactamente la historia, pero la esencia era algo tal que así: se le aparece el Diablo una noche a un moribundo, y le pregunta al final si volvería a vivir su vida, sólo por esos momentos escasos de felicidad que ha tenido en una vida de desgracias, y el moribundo dice que sí.

Realmente no tiene mucha lógica.

Pero aun así, imagino que cuando piensas con el corazón y no con la cabeza, las cosas se salen de madre. Una parte de mí piensa que querría volver con él, pero la otra dice que para qué, que debería ser capaz de encontrar algo mejor en esta vida. Bueno, no pienso disertar mucho más al respecto hoy. Creo que es un proceso paulatino que me llevará un tiempo asimilar.

De momento, estoy contenta con mi pisito, intentando pasear por mi barrio y aceptando la posibilidad de que me lo puedo encontrar de bruces.

Al respecto no tengo muchas soluciones posibles: volver con él, conseguir que se mude, matarlo (esta me encanta, es mi favorita después de la primera opción, aunque se disputa la primera plaza muchos días), o aceptar la situación. Siendo racional, la mejor solución es la última, porque en el momento que supere esto, la próxima vez que me pase algo similar, tendré una experiencia previa, sabré que se sobrevive, y me costará menos superarlo.

Pero bueno, esto es planteando la hipótesis desde el punto de vista racional, como ya he dicho, y creo que ahora mismo soy cualquier cosa menos una mente analítica y sin atisbos viscerales.

De momento, voy haciendo mi camino de tortuga (pasitos de bebé). Ayer me empadroné, y mi casa es ya oficialmente mi casa Ahora consta en el registro que vivo allí. Poco a poco voy aceptando la situación.

A decir verdad, cuando me dieron las llaves de mi piso, tardé una semana en ponerlas en el llavero. Entonces no llevaba un llavero, no, llevaba un arma arrojadiza: las llaves de casa de mis padres, de casa de mi ex y las mías.

Tardé tres semanas más en cruzar el umbral de mi piso. A veces paseaba por allí, pero no llegaba a entrar en el edificio. Después me vino un momento de lucidez, y me armé de valor y me fui a pintar, arreglar las grietas, y poner el parqué.

Un par de semanas más tarde me mudé, tras una bronca con mi padre. Al final son cosas como estas las que te dan el último empujón. Qué curioso que a veces no actúas ante los hechos, si no que reaccionas. Yo ese día, reaccioné. Y sin remilgo alguno, pasé la primera noche durmiendo en un colchón en el suelo de mi casa porque no había montado ni los muebles. Pero prefería eso a aguantar según qué.

Me doy cuenta que el problema no era la casa, en sí, si no yo misma. Porque al aceptar que iba a vivir allí, estaba aceptando que me independizaba del todo, no sólo pasaba a ser una adulta (?), si no que aceptaba que "lo nuestro" se había acabado.

Alguna fuerza maligna, enviada desde el lado oscuro, me indujo a pensar que quizás existía la remotísima posibilidad (aunque minúscula, casi microscópica), de que recibiera una llamada diciendo: "perdona, lo siento mucho, estaba equivocado, quiero que las cosas vuelvan a ser como antes, vuelve a casa conmigo, estoy muy arrepentido".

Amén del teléfono móvil que te permite salir de casa y recibir llamadas, porque si no, habría muerto de inanición durante el proceso de espera.

Por otro lado, el teléfono movil tiene su "intríngulis". Es como la primera vez que coges un avion, y te das cuenta de que no existen castillos en las nubes.

Pues el móvil, más de lo mismo.

Ahora cuando sales de casa, ya no cabe la posibilidad (la esperanza es lo último que se pierde) de contentarte y consolarte pensando que hayan llamado cuando tú no estabas, no haya saltado el contestador porque lo has dejado apagado y no te han vuelto a llamar por vete tú a saber qué motivo… No, ya no vale esa excusa. Lo sé, lo sé, una putada.

Ahora tienes que afrontar la realidad… O pensar que no te han llamado al móvil porque se le ha olvidado -o mejor aun, se le borró de la agenda(no es que lo haya borrado él, no: se le borró, como los supensos del colegio: "el profe me suspendió, no yo")-. Y claro, en esa línea podemos pensar que el pobrecito, no estaba al corriente de que tenías fijo en casa y podía llamarte allí y no al móvil, y aun así, de haber sabido que tenías fijo en casa, cómo sabe que eres una paranóica y no quieres que te encuentre ningún ex madrileño, intuyó que tu teléfono no iba a estar en las páginas blancas. Pero él, tu ex, comprometido y esforzado en seguir siendo tu amigo, y preocupado por tí, lo intentó (qué gran persona, qué gran amigo) y claro, evidentemente no pudo encontrarlo en la web, por más que intentó desesperadamente introducir tu apellido, con lo que finalmente no pudo contactar contigo en el móvil ni en el fijo.

En fin… Creo que mejor empezar a analizar las cosas de un modo más realista. O eso o mandar un mail a Maitena o Tarantino y proponerles una sociedad (lo cual sería una bajeza por mi parte, teniendo en cuenta que no me gustan las películas de Tarantino, pero tal y como me van las cosas, creo que debería volver a verlas, porque mi vida parece uno de sus films).

Después, tardé dos meses más en quitar las llaves de casa de mi ex del llavero (ahora es un poco más ligero), y hace tres semanas guardé su foto en un rincón del billetero donde no la viera. No me he atrevido a quitarla. Me da pena verle ni que sea en foto.

¡Qué fuerte! Tan dura para unas cosas, y tan endeble para otras. Para pegarme de ostias.

Pero aun así, creo que voy por el buen camino.

Hay veces que vivo momentos de “I am the queen of the world” y me como el mundo, en serio. Estos momentos coinciden con las mañanas, y con la tranquilidad e estar en mi casa (mi refugio). De hecho, me pasé todo el fin de semana así…

Y después tengo momentos de “fucking world”, por lo general las noches y fines de semana.

Ayer me volvió a acusar esa necesidad de llamar, pero una vez más pensé: ¿Y para qué? Grunttt me dijo una vez: “Ante la duda, no hagas nada”, creo que ya lo he comentado alguna vez. Me pareció la solución más sabia. No hacer nada. Había escrito un sms del estilo: “si pones mis cosas en cajas, el fin de semana me las llevo”. Pero no lo envié, no tuve narices. No sé qué hacer cuando le vea… Y, total, puedo vivir sin esas cosas hasta que me mude a Barcelona definitivamente. Entonces habrá pasado más tiempo y estaré (espero) más fuerte.

¡Cómo me fastidia sentirme tan veleta! ¡Soy lo peor! ¡Lo más peor!

Ayer casi me pongo a llorar con la canción nueva de La oreja de Van Gogh. En fin… Pero afortunadamente, me salvó una canción cutrísima (tanto que no recuerdo ni el nombre) que sonó en los 40 Principales, sobre una tía que decía que se iba porque el otro no la supo cuidar. Una melodía nefasta, en serio, pero la letra tenía mucho contenido. Bueno, no recuerdo la letra en sí tampoco, pero que vamos, cuando la escuché, pensé que "qué razón tiene la mujer esta".

Tengo que preguntarle seriamente a mi madre si realmente nací en noviembre, o me ha estado engañando todos estos años, porque casi parezco géminis más que escorpión.

De momento, seguiré con mis planes de apuntarme a mis clases de baile, y tengo que meditar por dónde empiezo, si hip-hop, latino u oriental. Y seguiré caminando por la calle, para acostumbrarme a ver las cosas con ojos nuevos, con mis ojos, y no los cuatro ojos de pareja.






















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