El mundo según Ysondra

November 9, 2006

Comunicación en la sociedad actual - Democracia Vs. Dictadura

Pergamino publicado en: Un Mundo Feliz

Una de las definiciones de “comunicación” según la RAE es “transmisión de señales mediante un código común al emisor y al receptor”.

Pero en realidad la comunicación es mucho más que esto, pues comunicarse no implica únicamente enviar una señal, si no que el receptor la capte y actúe en consecuencia. Que demuestre tener conciencia del mensaje recibido e interactúe, con el emisor y su entorno.

En este sentido, en los últimos tiempos el aspecto que más se ha potenciado por encima de todo ha sido el de convencer al receptor.

Consume. Vota. Persigue. Ataca. Valora. Haz.

Las nuevas tecnologías permiten una mayor explotación de los principales medios de comunicación a menores costes, propagando el mensaje con mayor velocidad, impactando en el mayor número posible de personas. Prensa, radio, teléfono… Pero sobretodo: televisión e internet.

Vivimos en un bombardeo constante de mensajes a los que nos vemos sometidos a través de todos los medios, para conseguir que la población se dirija en un camino u otro.

 

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El fluir de la información en los canales de comunicación, depende mucho de su entorno. Así como el agua fluye libremente y riega mayores extensiones de tierra a más canales y más largo sea su cace, la comunicación fluye en una sociedad libre, alcanzando al máximo número posible de personas.

No obstante, ni la libertad del mayor río del mundo está exenta de peligros, pues precisamente el potencial de su caudal empuja al hombre a construir diques y presas para manipularlo, para controlarlo y decidir hacia dónde dirigir sus aguas, transformando la zona más árida en la más rica y la más favorecida en la más miserable.

En dictadura, toda la información se halla manipulada por el dirigente. Como analiza Huxley en su capítulo V de “Brand New World Revisited”, en una dictadura como la vivida en la Alemania nacionalsocialista, se respiraba en el ambiente que “no se debe discutir con los adversarios. Hay que atacarlos, callarlos a gritos o, si molestan demasiado, liquidarlos”.

En esta realidad existe una única opinión, UN punto de vista. No se puede permitir la divergencia pues ello conduce a la sublevación, al conflicto y en último extremo, a la pérdida del poder. Fue práctica de Adolf Hitler. Fue práctica de Mao Tse-Tung también.

En democracia, la información fluye libremente, o esa es la idílica utopía en la que aspiramos vivir. No hay barreras, no hay controles… Pero la realidad presenta diferencias.

En dictadura la represión proviene directamente del dirigente, del corazón mismo del poder, contrariamente a lo que parece sucede en una sociedad democrática. Pero incluso ésta última tiene sus trampas de araña, sus mecanismos sutiles de control de la información.  No encontraremos un Gobierno que adopte directamente el papel de censurador, pues ello atacaría las bases ideológicas del concepto de democracia, pero en su lugar lo harán las grandes corporaciones, las grandes empresas, cuyos intereses habitan detrás de muchas de las decisiones que –en definitiva- adoptan a veces los dirigentes.

La misión de la prensa, como medio de comunicación que es, es informar y transmitir a la sociedad hechos, para que los ciudadanos puedan crear sus propias opiniones, reflexionen al respecto y actúen en consecuencia.

En una democracia ideal, en la que la libertad de expresión no se viera agredida, esperaríamos que hubiera una diversidad de ideas. Querríamos que se explotara al máximo este medio, y cada partido expresara sus puntos de vista ante la realidad en que se vive, como representantes de la ciudadanía que son.

Por el contrario, bajo una dictadura, sin lugar a dudas la prensa es la simplemente propaganda para adoctrinar unas mentes a las que no se les permite pensar por sí mismas, aunque ahora haya perdido su papel estrella en pro de los medios audiovisuales. Bombardea una y otra vez con las mismas ideas.

Lamentablemente seguimos viviendo en un mundo en el que difícilmente estas cosas suceden en tantas ocasiones como sería deseable, pues los grandes grupos de comunicación monopolizan los medios, y algunos países que llevan colgada en el pecho la medalla de “libertad de expresión” reprimen a sus ciudadanos castigándoles por divulgar cualquier pensamiento que diverja de lo que el Gobierno califica de correcto y veraz.

La única fortuna que produce un cierto regocijo es que quienes vivimos en democracia y tenemos inquietudes por conocer el mundo, gozamos de la oportunidad de recibir un abanico más amplio de información. Otra cosa es que tengamos cataratas, vista cansada u ojo vago.

TTB






















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